SI EXISTE LA PACIENCIA, EL ÉXITO ESTA GARANTIZADO…

Los animales de presa son pacientes, para ellos correr está estrictamente vinculado con el miedo.

¿Porqué corremos? ¿Porqué apresuramos todo?

Cuando nuestros hijos son pequeños, queremos que sean grandes, planificamos su vida a futuro, los visualizamos siendo un hombre o una mujer de bien, graduados con familia y todo.  Nos perdemos los primeros años de sus vidas o quizá muchos años de sus vidas tratando de hacer personas perfectas para el futuro. Muchos hasta decimos “cuando seas grande lo agradecerás”. Corremos siempre, trabajamos todo el día, “luchamos por un futuro mejor”, pero en realidad, ¿que es el futuro? ¿para qué futuro estamos trabajando? Ni siquiera sabemos si habrá tal futuro.

Y cuando se llega al futuro, los hijos no quieren saber nada de sus padres. Los padres le dicen: “me sacrifique por ti y así me pagas”. El hijo responde, “nadie te pidió que te sacrificaras, lo único que necesitaba era tu amor y comprensión”.

El presente es lo único cierto que tenemos, debemos disfrutarlo al máximo. Sin prisas, sin carreras, sin desgastes innecesarios. Muchos decimos que confiamos en Dios, pero si fuera así, esperaríamos confiados que todo se arreglará de manera que Dios lo quiera y como un río siempre encontrará su cause. Nuestro trabajo, únicamente es dar amor, recibir amor, trabajar el tiempo prudente, descansar, gozar y compartir.

Corremos para llegar a trabajar, para llegar a recoger a los niños, para llegar al banco, a conferencias, reuniones… prácticamente todo el tiempo estamos corriendo, la prisa nos acompaña.

¿A donde corremos? ¿de qué corremos? ¿porqué corremos? Corremos muchas veces de nuestra realidad, huimos de donde no queremos estar y de la compañía que no entendemos y que no queremos… nosotros mismos.

Los caballos relacionan la prisa y las carreras con miedo, esto es porque los caballos cuando mandan físicamente la señal de correr es porque algo grave va pasar o algo los persigue, deben huir tan rápido como puedan.

ecuador

Con los caballos he podido aprender la técnica de Wu Wei, que no es más que estar con los caballos y permanecer allí, sin hacer nada. Sin leer, sin escuchar música, sin hablar, sin hacer nada, simplemente contemplar el área, los ruidos de la naturaleza, compartiendo el espacio con mi caballo.   Cuando sienten mi energía equilibrada y la tranquilidad y silencio del alma, muchas veces se acercan, acercan su nariz a mi, los acaricio sin esperar nada y luego se van. Estamos compartiendo únicamente el lugar.

Si experimentamos amar a los nuestros, darles todo nuestro cariño, comprenderlos, escucharlos y disfrutar juntos del arte de no hacer nada de vez en cuando, seremos como el río que corre libremente.

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